Las investigaciones históricas de los últimos cincuenta años han demostrado la importancia que los biógrafos carolingios tuvieron en la construcción de las figuras de Carlomagno y Ludovico Pío. Mayke de Jong se refiere a estos autores como “narrativas de la novena centuria”, incluyendo en el listado a Ermoldo, Eginardo, Astrónomo, Thegan, Nitardo y Notker. Thomas Noble subraya que si bien esta construcción toma como modelos autores de las tres tradiciones en las que abreva —romana, cristiana y germánica—, es en el transcurso del siglo IX que se fusionan, dando lugar a una fuerte secularización del género biográfico específicamente carolingio. Dentro de esta evolución, Dominique Iogna-Prat considera un aporte particular la construcción de un modelo de emperador cristiano que da cuenta de los soberanos francos de Carlomagno a Carlos el Calvo. (...)
Este libro fue pensado y escrito para difundir el trabajo realizado en el seminario de grado homónimo del Profesorado en Letras de la Universidad Nacional de Mar del Plata durante el segundo cuatrimestre del año 2019. A lo largo del libro encontrarán diferentes capítulos que se corresponden con las unidades de trabajo del seminario.
Invitamos a lectoras y lectores a sumergirse en el esfuerzo realizado por los autores que han contribuido a elaborar estas Fronteras Atlánticas, confiados de que servirá al mejor conocimiento y reflexión acerca de muchas de las etapas del pasado y el presente común que nos une, de Europa a América y de América a Europa, a ambas riberas de este “mar de historias”. Por nuestra parte, estamos convencidos de que la sintonía de colaboración entre el grupo de Investigación y Estudios Medievales (GIEM) del Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, el Grupo de Trabajo EuropAmérica (EA) de la Academia Nacional de la Historia, de la Argentina, y el Grupo de Investigación Castilla y el Mar en la Baja Edad Media (GICyM), de la Universidad de La Laguna, a su vez vinculado con el Instituto de Estudios Canarios (IECan), en España, que ha dado lugar a esta obra colectiva será un hito importante, no el primero pero tampoco el último, para perseverar en futuros proyectos vertebrados en torno al Medievalismo en clave atlántica.
Formas de abordaje del pasado medieval recoge trabajos de especialistas procedentes de Argentina, Francia, Italia y Japón, que reflexionan sobre la labor del historiador, la construcción de marcos historiográficos y el abordaje de diversas fuentes. En sus versiones preliminares fueron presentados —a excepción de la contribución de Juan Cruz López Rasch, que es aporte original— en el encuentro académico “Abril Medieval Mar del Plata 2015, en memoria de Jorge Estrella” y organizado por el Grupo de Investigación y Estudios Medievales, del Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, entre los días 13 y 18 de abril de 2015. (...)
Las investigaciones históricas de los últimos cincuenta años han demostrado la importancia que los biógrafos carolingios tuvieron en la construcción de las figuras de Carlomagno y Ludovico Pío. Mayke de Jong se refiere a estos autores como “narrativas de la novena centuria”, incluyendo en el listado a Ermoldo, Eginardo, Astrónomo, Thegan, Nitardo y Notker. Thomas Noble subraya que si bien esta construcción toma como modelos autores de las tres tradiciones en las que abreva —romana, cristiana y germánica—, es en el transcurso del siglo IX que se fusionan, dando lugar a una fuerte secularización del género biográfico específicamente carolingio.Dentro de esta evolución, Dominique Iogna-Prat considera un aporte particular la construcción de un modelo de emperador cristiano que da cuenta de los soberanos francos de Carlomagno a Carlos el Calvo.(...)
Sin lugar a dudas, cualquier intento de reflexión en torno a la filosofía política demanda como punto de partida una definición que permita reconocer su campo de estudio y así estimar sus posibles alcances y relevancia. En principio esto no parece una tarea simple, puesto que sobre la política y sobre la filosofía mucho se ha dicho y escrito, pero no siempre resulta tan claro cuál es el vínculo entre ambas, dado que la política nos remite a una cuestión práctica vinculada con la vida en sociedad, y la filosofía nos acerca más a un plano teórico. (...)
En 1968, Peter Brook formulaba, en la primera edición de su libro ya clásico El espacio vacío, estos interrogantes: ¿Por qué, para qué el teatro? ¿Es un anacronismo, una curiosidad superada, superviviente como un viejo monumento o una costumbre de exquisita rareza? ¿Por qué aplaudimos y a qué? ¿Tiene el escenario un verdadero puesto en nuestras vidas? ¿Qué función puede tener? ¿A qué podría ser útil? ¿Qué podría explorar? ¿Cuáles son sus propiedades especiales? Cincuenta años después, la vigencia de esos cuestionamientos resulta apremiante y creemos que sus respuestas nos interpelan y nos exigen una reactualización permanente. No obstante, si bien desde hace algunas décadas los estudios teatrales se vienen imponiendo en distintas universidades del mundo, y la historia, la sociología, la semiótica, la antropología, la poética y la filosofía teatral han adquirido no solo autonomía sino también un lugar de relevancia en los estudios académicos, en nuestra realidad local, las reuniones científicas en torno a la investigación teatral representan un espacio de vacancia. (...)
Los concilios eclesiásticos no fueron, por supuesto, una invención de los francos, ya que se habían celebrado en la Galia mucho antes del establecimiento de los mismos; tampoco fueron innovadores en permitirle al rey el papel de convocante y participante de las discusiones, pues esta práctica se remonta al reinado de Constantino I (c. 280-337), bajo cuya atenta mirada se reunió el Concilio Ecuménico de Nicea en 325. Si bien, ni Constantino ni sus sucesores imperiales y francos pensaron mucho en interferir en los asuntos conciliares y, de hecho, lo vieron como su prerrogativa, sería engañoso buscar una comprensión moderna de la separación de la Iglesia y el Estado en la Antigüedad Tardía y en la Alta Edad Media, sobre todo porque la participación imperial en la vida conciliar tuvo sus beneficios tanto para uno como para el otro. (...)
El libro reúne trabajos en torno a tres ejes: autoridad, identidad, conflicto. Es el resultado de la labor interdisciplinaria desarrollada desde el año 2015 en el marco de un Proyecto de Reconocimiento Institucional de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, bajo el título “El ego-trouble en discursos de y sobre la autoridad episcopal en la Edad Media (siglos X-XIII)”. El concepto fue analizado y debatido en relación con los modos en que la autorrepresentación, forma y contenido de las fuentes tardoantiguas y medievales estudiadas no solo se presentan como reflejo de su contexto histórico, sino que también intervienen en la construcción de las realidades sociales. Nos interesó descubrir información sobre los propios autores de los documentos, fuera explícita o no, a partir las estrategias literarias y retóricas utilizadas por ellos.
Las investigaciones históricas de los últimos cincuenta años han demostrado la importancia que los biógrafos carolingios tuvieron en la construcción de las figuras de Carlomagno y Ludovico Pío. Mayke de Jong se refiere a estos autores como “narrativas de la novena centuria”2, incluyendo en el listado a Ermoldo, Eginardo, Astrónomo, Thegan, Nitardo y Notker. Thomas Noble subraya que si bien esta construcción toma como modelos autores de las tres tradiciones en las que abreva —romana, cristiana y germánica—3, es en el transcurso del siglo IX que se fusionan, dando lugar a una fuerte secularización del género biográfico específicamente carolingio.4 Dentro de esta evolución, Dominique Iogna-Prat considera un aporte particular la construcción de un modelo de emperador cristiano que da cuenta de los soberanos francos de Carlomagno a Carlos el Calvo.5 Walter Berschin,6 en tanto, afirma que este modelo de rey/emperador cristiano hay que comprenderlo en un contexto más amplio, de conformación de una sociedad cristiana, que genera obras de carácter histórico en las que se mixturan historia, biografía y literatura (en el formato del panegírico).
La asignatura Adolescencia, Educación y Cultura pertenece al Ciclo de FormaciónDocente de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata y forma parte del Plan de Estudios para los profesorados de la Facultad de Humanidades, el profesorado de Ciencias Económicas y también como optativa, para la Licenciatura en Ciencias de la Educación.
Un espacio conformado por estudiantes diferentes desde múltiples perspectivas, orienta el trabajo en el aula para favorecer una convivencia más democrática, en la que la
información es compartida entre docentes y estudiantes, las decisiones son explicitadas y lxs estudiantes son partícipes activxs en la organización de su propio proceso de aprendizaje. A lo largo de estas páginas, se intenta trasportar a lxs lectorxs, a través de un recorrido heterogéneo de relatos, por algunas de las principales temáticas que imprimen un desarrollo particular en un proceso de la vida conocido como las adolescencias. En cada cuatrimestre predominan ciertos temas que son más pregnantes porque se relacionan con las situaciones y contingencias del momento. (...)
La historia sensorial acentúa el papel de los sentidos —incluyendo tratamientos explícitos de la vista— en la conformación de las experiencias de la gente en el pasado y muestra cómo entendían su mundo y por qué. Hay que tener cuidado de no asumir que los sentidos son cierto tipo de dotación “natural” sino, más bien, que es debido intentar localizar su significado y función en contextos históricos específicos. La historia sensorial, en general, está menos inclinada a rechazar la vista en favor de los otros sentidos o de definirse a ella misma en oposición a otro campo o tema. En cambio, la historia sensorial se posiciona dentro de las coordenadas de múltiples campos. En su máxima expresión, la historia sensorial es explicativa, permitiéndoles a los historiadores dilucidar por referencia tanto los sentidos visuales como los no visuales, algo casi imposible de lograr si se entiende a la misma simple o exclusivamente como un fenómeno de alcance más reducido. (...)
La situación de las mujeres en el Siglo de Oro español se vio restringida a ciertos modelos de comportamiento social basados en la autoridad masculina. Estos modelos estuvieron justificados por la doctrina religiosa y avalados por las instituciones, permitiendo a la mujer espacios acotados dentro de la vida pública del reino. Así, las damas de familias acaudaladas podían recibir educación dentro de la esfera del hogar con el objetivo de concretar un ventajoso matrimonio; en contados casos aspiraban a ciertos espacios dentro de la Corte o el ingreso al convento en una situación más o menos acomodada. Sobre la figura femenina recayó el peso del pecado, en esta sociedad fuertemente custodiada por la Iglesia Católica. Los textos doctrinales de la época ejercieron una función modeladora del rol de la mujer, que se vio limitado al matrimonio y a su desempeño dentro de la esfera privada; la otra posible opción era la vocación religiosa con un férreo control de un cura confesor (Tenorio Gómez, 2002). En definitiva, las mujeres fueron depositarias de diversos mecanismos de opresión y silenciamiento; no obstante, en las recreaciones literarias es posible observar, al menos como destellos reveladores, que el potencial de las figuras femeninas distaba mucho del lugar que socialmente se les habilitaba. (...)