Pensar y explicar la identidad latinoamericana ha representado siempre un gran desafío para los historiadores ya que plantea numerosos problemas teóricos y metodológicos. En primer lugar, estamos trabajando con dos conceptos sumamente complejos: el de identidad, por un lado, y el de latinoamericano por otro, que se complejizan aún más cuando los unimos en la mencionada combinación, en la que se entrecruzan también discusiones ideológicas y epistemológicas. Esto se ve reflejado en las diversas respuestas, que adolecen de zonas grises difíciles de catalogar según las categorías
seleccionados como elemento aglutinador de esta compleja región. De allí que definir la identidad latinoamericana con criterios territoriales, lingüísticos, religiosos, étnicos, etc., ha demostrado ser insuficiente para abarcar en términos espacio-temporales a todos
los pueblos que, pese a su diversidad, forman parte de esta comunidad imaginada (Anderson, 2011) que llamamos Nuestra América1 y abarca la región designada
actualmente como América Latina y El Caribe.2 (...)
El estudio del ejercicio de las violencias estatales constituye una preocupación clave para las ciencias sociales. De manera general, para el caso argentino, sus análisis proponen dar cuenta de una acumulación progresiva de prácticas y discursos que tienen
su punto de llegada en el plan masivo y sistemático de persecución y exterminio de la oposición política implementado a mediados de la década del setenta por la última dictadura militar (Franco, 2011). Sin embargo, el énfasis inicialmente puesto en el año 1976 y en el estudio de la metodología de desaparición forzada de personas fue privilegiado por sobre el conocimiento de otras formas de violencia estatal, en particular, aquellas desarrolladas durante gobiernos democráticos. Recientemente, en la historiografía argentina se han desarrollado algunas líneas de investigación que
pretenden pensar este problema en una larga duración, a partir de poner en cuestión interpretaciones que plantean la existencia de una dicotomía entre democracia y
dictadura a la hora de abordar los procesos represivos (Franco, 2011, 2012 y 2012a; Bohoslavsky, E. y Franco, M., 2020). (...)
Como parte de una revisión más general sobre las formaciones autoritarias y el terrorismo de Estado de la segunda mitad del siglo XX en América Latina, se ha generado un mayor interés por llevar adelante estudios en torno a las fuerzas represivas, y en particular sobre la
policía. Esto se ha conjugado, a nivel occidental, con un contexto de cuestionamiento a la autoridad pública a partir de los años ’60 y ’70, que mostró el comienzo del fin del llamado Estado de Bienestar que se había propuesto reorganizar al régimen capitalista y a la
democracia liberal seriamente lesionada luego de la II Guerra Mundial. Marcado por movimientos como el antibélico en Estados Unidos2 , y rebeliones como el Mayo Francés de 1968, el Otoño Caliente Italiano de 1969, o más acá, el propio Cordobazo, este cuestionamiento al status quo también tuvo su reproducción en los Estados obreros del este,
con casos como el movimiento estudiantil y obrero de Hungría que impugnó al régimen estalinista en 1956 y luego la más reconocida Primavera de Praga. (...)
La Compañía respira en el más alto grado, la piedad y la santidad".1 Esta resuelta apreciación de Clemente XIII en 1765 detenta, observada retrospectivamente, un tono irónico. En los últimos seis años, la Compañía de Jesús había sido extrañada sucesivamente de Portugal y de Francia. Casi dos años después, la suerte de los
hijos de Loyola en los dominios hispánicos, quedó definida. El 27 de febrero de 1767, Carlos Ill rubricó en El Prado la real orden que decretaba la expulsión de los jesuitas. Pocos días después, el 1 de marzo, se emitió la instrucción de Aranda que contenía minuciosas instrucciones dedicados a los virreyes, presidentes y gobernadores de
las Indias y Filipinas. A partir de julio de ese año, los jesuitas fueron desalojados de cada uno de los colegios, misiones o estancias que poseían. En 1773, el instituto de
clérigos regulares fue suprimido. (...)
La caída del peronismo en 1955 y su evolución bajo las
condiciones impuestas por la "Revolución Libertadora" constituyen una de las claves para la comprensión de la historia Argentina contemporánea. (...)