En 1953, el historiador francés Lucien Febvre publicó una obra con un título provocativo, Combates por la historia, en la que formulaba un principio que se convertiría en un rasgo central de la práctica historiográfica: “sin problemas no hay historia” (Febvre, 1982: 42). Como uno de los fundadores de Annales1, Febvre subrayaba la importancia de la construcción del problema histórico y la necesidad de postular interrogantes como punto de partida de toda investigación. Esta perspectiva, que ha sido ampliamente retomada y desarrollada por la historiografía posterior, constituye también el fundamento del presente trabajo. (...)
Occidente desempeño durante siglos gran influencia en el desarrollo de otros países y sin lugar a dudas China no ha sido la excepción. A partir del siglo XIX, se intensificaron los problemas de China, (...)